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Alberto Fuguet y su relación con la modernidad líquida de Bauman

Con respecto al libro Mala Onda, escrito por el chileno Alberto Fuguet, se trabaja en este artículo una temática diferente a las ya existentes, con elementos más renovados, que van más allá del típico “intertexto” de Salinger, o la semejanza como “narrativa de aprendizaje” de Alberto Blest Gana, aspectos tan mencionados por Grínor Rojo (2014) y María Nieves Alonso (2004), entre otros críticos. Esta apuesta abordará la fragmentación que provoca el desvinculamiento o desapego del individuo en la sociedad, y también entre sí: elementos propios del Existencialismo y de la llamada Modernidad Líquida, término acuñado por Bauman (1999). 

Tamara Valencia Jaramillo

lberto Fuguet es un escritor que vive su niñez en Estados Unidos, a  los once años (1975) vuelve a Chile, en medio de un panorama político-social complejo, en el que Pinochet; establece una persecución contra la unidad popular y partidos de izquierda, clausura el congreso nacional, declara en receso a los partidos políticos e instaura el estado de sitio en todo el país, existe represión, ocultamiento de información, llegando a clausurar medios no afines al régimen militar, torturas, detenidos que son asesinados y sus cuerpos desaparecidos, promulgación de decretos ley con la aceptación de la Contraloría y la Corte Suprema de Justicia para legitimación del poder, entre otras violaciones a los derechos humanos.

En cuanto al contexto económico, en 1980 se produce una liberación de precios de todos los productos. El consumo se hace variable mediante el libre mercado y su estilo neoliberal. También la inversión privada extranjera y la implementación del modelo de los Chicago Boys hace que se frene la inflación, pero esto significa una baja al mercado nacional, provocando la quiebra de varias empresas e industrias y un aumento de la cesantía. (Garcés & Milo,1983).

Es en este contexto político-social en donde Alberto origina su sentido crítico sobre la vida de la Derecha plasmado en Mala Onda, creando a simple vista una falsa ilusión de derechismo asiduo, lo que podemos entender más bien como una especie de ironía acerca de cómo vivían estas personas en la época de golpe de estado y su sensación de vacío existencial.

El tipo de literatura que hace este escritor provoca que pocas personas se sientan identificados con Mala Onda al momento de su publicación, debido a que posee un vocabulario más bien coloquial-adolescente, que fue visto y entendido con una lógica más bien simplista y prejuiciosa: creían que un suceso de tal magnitud merecía un vocabulario más ad hoc, por lo que Mala Onda es un libro que leído de la forma correcta, presenta un retrato sicológico existencial profundo, en el que el rompimiento de los vínculos y núcleos emocionales se van fragmentando, y se hacen evidentes en la Modernidad Líquida de Bauman, así como también se vieron alguna vez en La Metamorfosis de Kafka o en Esperando a Godot por S.Beckett., en los que el vacío rutinario y la pérdida de sentido de la vida se hacen evidentes, pero que pocas veces son relacionadas a obras más contemporáneas.

  A la Izquierda no le llamaba la atención un texto sobre los privilegiados de la dictadura, leer la misma situación años más tarde de vivirla provocaba repulsión a cualquiera. El mismo rechazo tuvieron los partidarios al régimen, a quien Fuguet se refería de forma irónica, mostrando que, si bien eran personas de buena situación económica, tenían problemas familiares, en donde el desapego emocional, evidente abuso de poder y nula comunicación, gatillaban en problemas existenciales, que es el foco principal de la temática del libro. De esta forma provocaba su poca identificación por parte del público o de los críticos de cualquiera de ambos bandos o pensamientos políticos, que lo sentían o muy publicitario y muy superficial.

Luis Cárcamo-Huechante en Goycolea (2008), señala de Alberto Fuguet que “no solo tematiza su narrativa de libre mercado publicitaria, sino que también incorpora su trama y los signos propios de la escritura, el libre mercado adquiere así el estatus de ficción literaria”(pág. 176).

Trata de una relación entre los signos, la publicidad y la cultura de masas con la nueva narrativa de la orfandad, en un contexto político de golpe de Estado. Aquí es posible aseverar que Fuguet, apunta a una escritura de libre mercado, pero no como argumento principal, sino como un elemento contextual que explica el comportamiento de sus personajes.

Así como no es posible descontextualizar al libro de su época como en La estética de Kant, algunos críticos intentan separar Mala Onda de la economía Neoliberal existente hasta los tiempos actuales, ya que el retrato psicológico de sus personajes y la pérdida de sentido, proviene y es provocada también por el momento histórico que Chile vivía.

Por otra parte, Roberto Careaga plantea su idea del porqué el libro no tuvo éxito en sus pares: “…Matías, ese escolar hastiado de su vida, Chile y todo, explota en los días previos al plebiscito por la Constitución. El contexto político se pierde entre carretes en El Bosque, carreras de auto en la Kennedy, escapadas a Reñaca, sexo, alcohol, marihuana y cocaína.” (Careaga, 2011).

Quizá fue esa mezcla la que molestó a sus compañeros en el taller de Skármeta, en el que Fuguet participaba paralelamente al de Donoso en 1989. Les dio el primer capítulo de lo que por entonces se llamaba El coyote se comió al correcaminos, y recibió una bofetada de vuelta. “La odiaron. Les pareció repelente, asquerosa y fascista”, recuerda Fuguet. Entre los líderes del ataque estaba Rafael Gumucio: “Después cambié de opinión, pero en ese momento creo que nos choqueó ver un Chile que no queríamos ver”. (Careaga, 2011).

El afán de no querer asumir el pasado, así como Matías Vicuña, muchos se sentían vacíos, vivir un doble estándar social para no ser torturados, y querer irse del país porque todo le parecía carente de sentido. Para el protagonista los lugares eran una vil copia barata, inclusive “picante”, de lo que podía ser Nueva York. Esa idea de imitar, o más bien dicho tratar de ser un símil decadente de una cultura desarrollada, así como de la economía neoliberal. Una falsa idea también que funcionaba en aquella época, la usaban para ocultar el estancamiento sociocultural-político existente que vivían pobres y ricos, de la forma que se diera en cada caso.

Fuguet se encarga de mostrar una realidad que era innegable, pero solapada. La clase acomodada vivió problemas de hermético quiebre en aquella época, y eso fue lo más crudo de asumir en un pueblo descontento con torturas, y fusilamientos, en los que se hacía imposible ser empático con quienes, para muchos, vivieron en una especie de oasis en medio del desierto latente.

Esto da lugar a que Matías comience a meditar que ya todo no parece tan “la raja”. Ve al resto engañarse a sí mismos con su falso poder, o su conformismo nacionalista, o ese doble estándar que Vicuña repudia a lo largo de las narraciones. Elementos en que se da la comparación con Salinger en El guardían entre el centeno. 

Existencialismo e identidad fragmentaria, en la Modernidad Líquida de Zygmunt Bauman 

Este tipo de sucesos históricos de crisis, en donde existe un período o generación que crea estas narraciones literarias existencialistas, se producen entre un antes y un después de algún acontecimiento que haya remecido a una amplia población, para que puedan surgir una gama de escritores que escriben sobre el mismo asunto, en este caso la memoria de un Chile en dictadura es la memoria fragmentaria que juega un rol protagonizante para el olvido.

Bajo esta crisis es donde Vicuña al pasar los días hace notorio su cambio de actitud en varios aspectos de los ya mencionados, tanto sociales, (con sus amigos), familiares (se va de la casa, pelea con su madre), sentimentales, (intenta ocupar su mente con la ausencia de la Cassia, mujer que conoce en Rio), elementos que van surgiendo y presentándose de formas divergentes en los diálogos:

“-Qué apestosa esta huevada –Le digo al Paz, que está lavando ahora unos vasos-. Es como si nada avanzara, las imágenes se repiten.

-Siempre te lo he dicho, siempre lo he pensado.

-Todo es tan chico, tan conocido. Como que cacho a todo el mundo, sé todo lo que va a pasar.

-Si hay que virarse. Fugarse antes de que sea muy tarde. Aquí no pasa nada, ni va a pasar nunca.” (Fuguet, 1998, pág.33)

Fragmento en donde se trata el hastío de vivir en un Chile en estado de sitio, que genera una sensación antipatriota, en la que unos pocos emigran, y el resto quisiera hacerlo.

Aquí las prácticas sociales se hacen fluidas, entendiendo por fluidez la capacidad y el anhelo permanente de cambio como fuente de resistencia debido a las posibilidades de adaptación. El sujeto, para Bauman, no sabe lo que ocurrirá al día siguiente.

A la vez, al limitar la estabilidad de las instituciones, se generan estados de incertidumbre y ansiedad en los individuos, pues “las instituciones que antes definían las reglas han sido reemplazadas por el popularizado deber individual de la autoayuda, y el cuidado de sí mismo, que no son sino flotadores arrojados sobre una contingencia permanente”, (Bauman, 1999, pág.5).

Ejemplificado este desapego respecto de otro, la poca empatía y la individualización de Matías Vicuña: “… como si a mí me pudiera interesar algo de su vida. Con la mía tengo de sobra” (Fuguet, 1998, pág. 39).

Y sobre el sentido existencialista, debido a su lenguaje simple y poco ornamentado lo hace mucho más rico, ya que a través de la automatización de una vida cotidiana es que Fuguet ha podido responder a las interrogantes sobre una dictadura. Aunque no sea la típica figura emblemática del escritor portaestandarte de una narrativa apegada a los sectores sociales más populares o más desprotegidos. Cabe mencionar a Lemebel, quien hace recurrente una identificación con el lector desposeído, en donde su lectura genera una catarsis, una identificación con la víctima, se hace fácil ser un alienable. Fuguet hace todo lo contrario mostrando el lado feo, pero del otro lado de la moneda, el lado de la literatura del Golpe, que no es muy recurrente, tratado desde la perspectiva de los sectores acomodados de Chile. Si bien ellos poseían libertades físicas, las libertades psicológicas y las sensaciones represivas, se hacían notar como en todas las otras clases, así también como la fragmentación y el desapego emocional.

Presentemos de forma definitiva este desapego a todo, la pérdida de esperanza, reflejado en este extracto:

“Algo estaba fallando. Este regreso, regreso que siempre supe iba a ocurrir, me estaba resultando más complejo y menos atractivo de lo que jamás pude imaginar. Pero ahora era distinto. Era como si no pudiera estar acá. Había algo de miedo, un ruido ausente, como cuando uno de estos milicos dispara un arma vacía; algo de asco, de cansancio, una desconfianza que me estaba haciendo daño, que no me dejaba tranquilo. Pero no era solo eso: era mi familia, quizás; los amigos, la ausencia de minas, la onda, la falta de onda, la Mala Onda que lo está dominando todo de una manera tan sutil que los hace a todos creer que nada puede estar mejor, sin darse ni cuenta, sin darnos ni cuenta aunque tratemos” (Fuguet, 1998, pág. 53). 

Aquí es menos notorio el existencialismo, ya que es una denuncia más psicológica, casi intangible. Carece de la imagen sangrienta, morbosa o desagradable de Lemebel: el personaje de la prostituta pobre, un retrato popular disfrazado de injusticia. No es la voz de los sin voz, sino todo lo contrario, es la voz de los más acomodados, de los ABC1, quienes también sentían el golpe militar, el hastío de un país psicológicamente resquebrajado, fragmentado, distante, un país del que ninguna clase disfrutaba, y donde lo decadente no era solo parte del pueblo, sino también de la clase más pudiente.

La historia acontece en 12 días aproximadamente y en ella no ocurren muchos sucesos marcados, más bien son cambios psicológicos en la vida de Vicuña quien se va transformando, desde ser un niño mimado que no le interesa nada ni nadie, hasta convertirse en un adulto con un sentido crítico propio, y no con el discurso político neutral con el que comienza en Brasil, seguramente influenciado por sus padres o su contexto social.

De esta manera la identidad se ve resquebrajada, ya que lo que nos hace sentir parte de algo, de una comunidad de hablantes en común y bajo condiciones extremas, y se ve mermado por la violencia y constantes represiones que se vuelcan en un estado psicológico nervioso de Vicuña.

Conclusión sobre la falsa superficialidad en Mala Onda 

Debido a lo magno que significa como concepto, todo lo que conforma la palabra, Dictadura, Golpe militar o Régimen militar, lo que podríamos llegar a abarcar quedaría en un sentido de reflexión siempre exiguo, ya que sería injusto aspirar a que una sola obra literaria englobase todos los acontecimientos, torturas, represiones, allanamientos a domicilios, muertes, desaparecidos, entre otras cosas, que existieron en aquel periodo. Algunas novelas, claro está, presentan algunos aspectos de este, sin embargo, sería imposible abarcarlos todos, y si los tuvieran lo más probable es que sería melancólicamente trágico y de alguna manera censurado o vapuleado.

También se podría decir que existe una memoria que quiere recordar, pero no al extremo. Recordar sin avivar de forma irrespetuosa, y abierta todos los estragos que sucedieron, ya que aún en la actualidad significa un tema polémico a nivel nacional.

Además de estos aspectos mencionados anteriormente, afirmar que, si bien estamos acostumbrados a la novela de Dictadura, con narrativas violentas, escabrosas y morbosas, lo que Fuguet propone es todo lo contrario, un sentido de narrativa psicológica, por esto es menos notoria y superficial para quien lo lee con prejuicios de tradicionalismo lingüístico, pues si bien es de rápida o fácil lectura, su fondo tiene un entrelineado que se disuelve dentro de una percepción de insipidez e inestabilidad existencial. Esto demuestra la brillante capacidad de Fuguet para retratar y criticar un ambiente en donde poco se hablaba de dictadura, y menos con un lenguaje tan cercano y mucho menos recargado, pues para él no es necesario ser ni Darío azulista para tratar en un tema hasta hoy contingente, político y profundo. Creemos que Fuguet se ajusta, por ende, a una concepción de modernidad líquida plenamente lograda en esta obra Mala Onda. 

Es, por último, una narrativa existencialista, aunque no se le quiera reconocer de ese modo, como lo es el caso de la Metamorfosis de Kafka, en la que la transformación del protagonista se da de forma metafóricamente física.El Sismógrafo.-


 Referencias bibliográficas

  • Alonso, M. (2004). Alberto Fuguet, un (in)digno descendiente de una buena tradición. Acta Literaria (29), 7-31. Consultado el 20 de mayo de 2017, http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-68482004002900002
  • Bauman, Z. (1999). Modernidad líquida. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
  • Careaga, R. (12 de noviembre de 2011). De “bazofia” a clásico de los 90: la historia privada de Mala Onda, La Tercera.
  • Fuguet, A. (1998). Mala onda. Santiago: Alfaguara.
  • Garcés, M. y Milos, P. (1983). Cuadernos de Historia Popular (1). Consultado el 20 de mayo de 2017, http://www.socialismo-chileno.org/guerra/chp/CHP1.pdf
  • Goycolea, M. (2008). Tramas del mercado: cultura pública y literatura en el Chile de fines del siglo veinte. Revista Austral de Ciencias Sociales (14),173-178. Consultado el 20 de mayo de 2017, http://mingaonline.uach.cl/pdf/racs/n14/art09.pdf
  • Rojo, G. (2014). Las novelas de formación chilenas. Santiago: Sangría Editora.
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