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Cine chileno: ¿el fin de la adolescencia?

lineasdetextosHan cosechado un sorprendente número de premios en los últimos años. Con ello, las películas chilenas se han abierto al mercado internacional e iniciado una nueva etapa, con sus propios desafíos.

e2daniel-cerdal cine chileno ha aumentado de forma notable su protagonismo en los festivales internacionales en la última década. Si bien ya La frontera había alcanzado el prestigioso premio Goya en 1991 y en el 2001 Taxi para Tres se adjudicó la Concha de Oro a la mejor película del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, en los últimos años los galardones se han multiplicado.

En el 2008  La buena vida recibió el Goya a la mejor película iberoamericana, distinción otorgada luego en 2010 a La vida de los peces. Dos filmes chilenos ganaron también el Premio del Jurado del Cine Mundial a la mejor película dramática del Festival de Cine de Sundance: La nana (2009) y Violeta se fue a los cielos (2011). Gloria (2013), por su lado, ganó el Ariel en la categoría mejor película iberoamericana, El club (2015) recibió el Oso de Plata del Gran Premio del Jurado en la Berlinale y, por último,  Historia de un oso” (2014) ganó el Óscar en la categoría mejor cortometraje animado.

Esta notable consecución de reconocimientos, nominaciones y premios es el resultado de un trabajo que se desarrolla combinando iniciativas privadas, aportes del Estado y el talento de artistas nacionales. Pero tras este éxito y reconocimiento, ¿es rentable el cine chileno?  ¿Es, además, una “marca” reconocible en el mercado? Plataforma CinemaChile es la agencia público-privada que está a cargo de promover internacionalmente la producción audiovisual chilena en general, incluyendo el cine. Es una iniciativa creada por la Asociación de Productores de Cine y Televisión que, en alianza con ProChile y su programa “Marcas Sectoriales”, ha procurado construir una mirada país en relación con esta industria.

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Constanza Arena

Constanza Arena, directora ejecutiva de CinemaChile, señaló que fue en el 2009 cuando la Asociación de Productores llegó a la conclusión de que el mercado chileno era muy pequeño y que, para la sobrevivencia y proyección a mediano y largo plazo de las empresas vinculadas al rubro, era necesario abrir y consolidar negocios en el mercado global, identificando para ello territorios claves como el europeo y el norteamericano.

Señaló además que, “en un 30% -como mínimo- aumenta el valor de comercialización de una cinta o un producto audiovisual cuando consigue la selección oficial en un festival”.

“Por política institucional –agrega Arena- nosotros debemos construir una imagen de todos nuestros productos y proyectarla internacionalmente; por ello coordinamos con distintas entidades públicas, como ProChile, Corfo y el Consejo Audiovisual, todos los apoyos financieros que tengan un foco internacional”.

Estos fondos, según agrega la profesional, se ejecutan a través de CinemaChile, algunos por vías concursables. La ejecutiva recalca que ProChile trabaja en la lógica de fomentar la economía chilena a través de las exportaciones y el mercado internacional, identificando nichos económicos en donde vale la pena que el Estado invierta recursos públicos. En ese sentido, “estamos honrados de que el sector audiovisual lleve la batuta en el ámbito de la economía creativa, ya que desde el 2010 participamos en forma estable en más de 10 festivales internacionales con presencia de la marca; de hecho, hace un mes estuvieron presentando los resultados del sector audiovisual ante la Sofofa en conjunto con los ministros de  Hacienda y de Cultura y representantes de ProChile”, sentencia Arena.

Ve aquí el Estudio encabezado por Constanza Arena: Auidencias Globales del Cine Chileno (2013)
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Augusto Matte (Foto: Daniel Cerda)

Augusto Matte, encabeza el equipo de Jirafa Producciones, productora que en sus 15 años de funcionamiento ha estado presente en diversos festivales. Este año, por ejemplo, presentará el film El Cristo Ciego de Christopher Murray en el Festival de Venecia, que se sumará a la producción Aquí no ha pasado nada, de Alejandro Fernández, que ya fue presentada en los festivales de Sundance y de Berlín. Para Matte, el cine chileno sí puede ser un negocio. “Desde el comienzo uno sabe qué película está produciendo; ya desde el guión uno sabe dónde puede ir y a qué mercado puedes postular. Incluso hay películas que pueden tener menos éxito comercial pero al lograr ser financiadas por diferentes ‘fondos blandos’ –fondos públicos o no públicos, nacionales o internacionales que no se devuelven- tienen un menor riesgo y generan ganancias desde un primer momento. Distinto es el caso de una comedia adolescente que tiene menos posibilidades de ser financiada por fondos públicos –por la temática- pero como está conectada a la televisión y los medios de comunicación masivos, es más fácil que empatice con la audiencia y genere retorno”.

El productor enfatiza que, como empresa, “nos resulta más interesante exportar porque nos conocen más afuera que en Chile. Yo, cuando pienso en una película, pienso primero en el mercado externo y, en una segunda instancia, en el chileno”, señala.

Y tiene razón en su lógica: CinemaChile desarrolló indicadores objetivos de carácter económico para medir los logros y el crecimiento que ha tenido el sector audiovisual. Arena explica que “el primer indicador fue la presencia en festivales; eso indica selección y luego, si hay fortuna, vienen los premios. Y este indicador ha sido realmente de un crecimiento exponencial; pasamos de tener presencias esporádicas en Cannes el 2004 con Machuca, el 2009 con La Nana, Post Mortem en Venecia el 2010, y hoy no hay festival Clase A en el que no haya una película chilena de manera permanente”. taxix3Arena recalca que “este indicador no es arbitrario y tiene una razón económica detrás: en un 30% -como mínimo- aumenta el valor de comercialización de una cinta o un producto audiovisual cuando consigue la selección oficial en un festival”. Esto, además, va aparejado con el cambio sufrido en los últimos 15 años en la industria con la irrupción de plataformas VOD (Video on Demand) y de servicios de streaming como Netflix o Amazon, que permiten la compra de una cinta entre en los más variados territorios del mundo, por lo que el productor se desliga de ir vendiendo de a poco y de paso asegura mayores ingresos por la película. Esto ha cambiado notoriamente la naturaleza del negocio.  “Nosotros sacamos un estudio (Audiencias Globales del Cine Chileno 2013) para demostrar que el problema del público es mucho más complejo que reducirlo solo al tipo de contenido que se está realizando”, señala Arena. Así, por ejemplo, en el 2013 la relación de taquilla fue de 1:3, es decir, por cada ticket pagado en Chile por una cinta nacional en el extranjero se pagaron 3. La película Gloria tuvo una relación de 1:6 y una película muy poco vista en Chile, como La Pasión de Michelangelo, tuvo una relación de 1:8, con exhibición en países como Turquía, algo absolutamente inédito. Este trabajo permanente, enfatiza Arena, ha consolidado marcas y nombres propios como Pablo Larraín, Patricio Guzmán, Raúl Ruiz, Alejandro Jodorowsky, Sebastián Lelio o Sebastián Silva, que son marcas de Chile, reconocidas, que producen para otros países y en otros polos cinematográficos muy potentes.

 

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“Nos conocen más afuera que en Chile. Yo, cuando pienso en una película, pienso primero en el mercado externo y, en una segunda instancia, en el chileno”
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Para Matte, lo acontecido con La Historia de un Oso, que ahora fue llevada a formato libro, “es una nueva manera de enfocar este rubro, ya que la diversificación de formas de exhibición nos permite bajar los niveles de riesgo en la producción”. Matte asevera que los que invierten privadamente en sus películas “somos nosotros, los productores”, agregando que “ojalá en un futuro exista un fondo de inversiones o productores asociados, como fue el caso del empresario Jorge Errázuriz en El bosque de Karadima, pues la idea es que la inversión tenga utilidad para poder seguir produciendo otras cintas”. Para financiar un film, dice Matte, “Corfo tiene un fondo de desarrollo y un fondo de distribución (financia el principio y el final del proceso). Después está ProChile, que opera con CinemaChile; el Fondo del Fomento Audiovisual que financia la producción de las películas, y después el Consejo Nacional de Televisión que financia la producción de series de TV. Y no hay más”.

historia-de-un-osoMatte señala que no hay estímulos para que los canales compren películas ni tampoco para el desarrollo de industrias creativas. “Ni incentivos tributarios ni nada similar; es eso lo que debemos establecer y regular: nuestra relación con los privados”, dice. Matte cataloga el momento del cine como “un adolescente en una industria que está en pleno crecimiento y que camina y camina”.

De lo que no hay duda, más allá de la taquilla y de otros temas por resolver, es que hay cine chileno para rato. Aquí, en Japón o en Turquía. logopeke20El Sismógrafo.-


  • Artículo originalmente publicado en “Entorno & Retorno” (Banchile , Nº 35, septiembre 2016. Páginas 21-24). Autorizado por el autor para su publicación.

Daniel Cerda Zúñiga
Periodista

Periodista y Doctor (c) de la Univ. Complutense de Madrid en Ciencias de la Información. Se ha especializado en temas de cultura y música.

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