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Nicanor en el Pacífico

Foto: Gabriel Brauchy Castillo
lineasdetextos“El dos de marzo del 2015 para celebrar los cien años,  seis meses, 28  días de Nicanor Parra, lo visité en su habitación-fortín de Las Cruces, balneario del litoral central. Punto de partida Chillán, punto de llegada Valparaíso…”

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aray1l dos de marzo del 2015 para celebrar los cien años,  seis meses, 28  días de Nicanor Parra, lo visité en su habitación-fortín de Las Cruces, balneario del litoral central. Punto de partida Chillán, punto de llegada Valparaíso (Ascensor Espíritu Santo, Casa Ferrari, Ferrari # 406, a dos cuadras montando hacia la casa de Pablo Neruda, La Sebastiana). Traslado a Las Cruces, culminación: seis horas de amena conversación tipo dos compadres materos y vineros en el domicilio del futuro Premio Nobel. No quiero paparazi. Escondí confundido la cámara fotográfica.

Al principio no fue así. La Paula Miranda me recomendó concurrir  ese lunes a las 12 horas. En compañía de los amigos Alejandra, José Gabriel y Cristián. Llegamos al mediodía, el Pacífico nos alumbró generosamente. Nadie respondió, las puertas cerradas así las del Cid Campeador entrando en Burgos desterrado,  su viejo escarabajo,  lleno de óxido, frente a la casa, se ofrecía como un premio de consuelo de  imaginario diálogo. Nos fuimos a la mierda, en vez de irnos a ese lugar bajamos a almorzar al restorán “Puesta del sol”. Desde una excelente posición mirábamos la quietud de la casa, de improviso esta cobró vida, humo blanco. Don Nica había ido a sentarse al sillón de su terraza exterior. Partí como un rayo a Lincoln 113, los amigos almorzaron. Martita bajó el puente levadizo de la fortaleza, don Nica me reconoció exclamando Juan Gabriel pasa y  nos conversamos la tarde entera: una botella etiquetada -un Koile Royale Malbec- regalada por un yerno y  empanadas de camarón que la Martita fue a comprar a la “Puesta del sol” con billetes de dos mil pesos,  generosamente extraídos del  bolsillo de su pantalón de cotelé café. Intercambiamos libros. Dos Araya (Nicanor en Chillán) por un Temporal, último texto del vate.

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1: Vista casa Nicanor Parra

Desfilaron los viejos episodios: sobre mi permanencia años ha durante dos semanas en su hijuela de La Reina, mientras trabajaba en una tesis parriana, los viajes al mercado, al centro capitalino, amores con bellas muchachas, las suecas, la mujer imaginaria, Gonzalo Rojas, el Partido Comunista, los verdes, los beatnicks, Villa Alegre, los tíos de “Malloga” vecinos a Chillán, la casa de lata, el molino de los Galvarino, el terremoto del 39, el gato en el camino, la Quinta Normal, el Barros Arana, “el almacén sin nombre” del Italiano Rodolfo Costa… En el centro de los recuerdos Rosa Clara Sandoval Navarrete, según su hijo mayor, la top de la familia, la que cantaba composiciones propias; metaforseado en pájaro recordó magistralmente dos de ellas. Quedé atónito, fue un hechicero, un mago, de su boca salió doña Clarisa, la mamá, un ave fénix de viejas notas musicales. Agregó su huainito “Amor no correspondido”:

“Bajando de Machu Picchu/perlas challay/me enamoré de una chola/chiguas challay/más linda que una vicuña/perlas challay/perlas challay/pero ella no me hizo caso/palomitay!”

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Juan Gabriel Araya – Nicanor Parra

Su recitado fue genial, sobrecogedor, las gaviotas se detuvieron a escucharlo “qué cosas tiene la vida  palomitay!”

Su memoria remite al barrio Villa Alegre de Chillán, en calle Las Cruces, hoy Mariscal Ruiz de Gamboa, esquina Uruguay actual Eduardo Parra Sandoval (vecino del Chito y del bodeguero Luis Vera, donde chupaban los hermanos). A cuadras de Lazareto (ver “El anti-Lázaro”, 1981, Obras Completas II, Barcelona, 2011, p.77 a 80). Las Cruces, Lazareto, ¿quién lo diría?

Una mariposa blanca revoloteaba, la Violeta venía a ver al Tito a decirle que se acordara de la carta que le había dejado explicándole su decisión mortal (en el futuro mi nieto “Tololo” sabrá que hacer). El vestido de la Viola hecho de retazos, pedazos y recortes de género, tal como los hacía mi madre Clarisa para ganarse la vida en Chillán y vestir a su prole, una verdadera arpillera. Con ese vestido fue a cantar en público por primera vez con el conjunto “Las cuatro huasas chillanejas” dirigido por la señora Elsa Navarrete Cartes. Parece que la veo.

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2: Vista casa Nicanor Parra desde la playa

El Tito anduvo por andurriales y cantinas del puerto de San Antonio, seguía la pista de Roberto y su negra. El hermano, caramba, se emborrachaba con el dinero recibido por las ganancias que dejaban las presentaciones de La negra Ester, dirigida por Andrés Pérez en su Teatro Circo. La carta de la Viola dirigida a sus hijos escrita días antes de suicidarse era una bomba que explotaría algún día. Al Lalo yo le puse ese nombre, pegaba más que el verdadero. El Lalo tuvo un gran éxito con las mujeres,  fue un galán de pueblo.

Chile sigue en crisis, la Unidad Popular nos pena, se ampliará, para allá vamos otra vez. ¿Lo crees? ¿Eres comunista? Ya no conviene serlo, viva el ecologismo, Marx respira todavía. Dejemos que la naturaleza siga respirando ¿Por qué crees que estoy vivo? En “Las Cruces” no hay cementerio.

En la Academia sueca tengo enemigos, una mujer se encargó de tirarme tierra. Me apoyo en estos dos bastones de palo rústico, con ellos camino, son hermanos, no son pitucos, tienen para rato.

Continuamos charlando, la mariposa violeta siguió volando en el jardín. Pensé “Hay un día feliz”. La boina de lana se había transformado en un sombrero blanco cuya ala dejaba en sombra sus ojos. Más silencio que palabras me parecía decir. Antes de irte vamos a visitar “la panadería”, así le llama mi nieta a la bodega de los libros. Vamos.

Mnemósine, Diosa de la Memoria reía satisfecha, no había tenido nunca ella un discípulo tan viejo, tan joven, me sentí avergonzado de la mía. Por  esta razón quedan estas imágenes del Pacífico parriano, estas líneas dedicadas al maestro de la subversión poética, una amistad de años mozos y viejos.

Esta “aguafuerte” es un saludo al Matusalén de la poesía hispanoamericana, patriarca del Pacífico.

* Fotos portada, y Fotos 1 y 2: Gabriel Brauchy Castillo


Juan Gabriel Araya
Escritor y Académico. Profesor titular de la Universidad del Bío-Bío. en Universidad del Bío-Bío, Sede Chillán |

Juan Gabriel Araya, miembro de la Academia Chilena de la Lengua, profesor titular de la Universidad del Bío-Bío, docente en la Cátedra de Literatura Chilena e Hispanoamericana del Departamento de Artes y Letras.  Escritor de libros de cuentos, novelas y obras teatrales, entre los que destacan "Iniciaciones y Fantasmas","1891:entre el fulgor y la agonía" y "Detrás de los árboles", escrito en coautoria con Jaime Giordano. También ha incursionado en la poesía "Memoria del tiempo" y "Volcán Chillán". Ganador de innumerables concursos literarios como el de la Cámara Chilena del Libro (Novela) y el de "El Mercurio" (Cuento). Araya es Premio Municipal de Arte en Chillán, como también un destacado investigador con variadas publicaciones, además de conferenciante que, en muchas ocasiones, ha presentado sus estudios en prestigiosas universidades extranjeras.

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