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Mito, música y literatura en “Las Ménades” de Cortázar

lineasdetextos70 años atrás, Julio Cortázar publica en su libro Final del juego, un cuento titulado “Las Ménades”. Los protagonistas son el reflejo del mito clásico vinculado con los ritos dionisíacos. Desde el concierto al desconcierto, es el análisis de la intertextualidad de esta obra, concentrándose no solo en el aspecto literario-mítico, sino también en la lectura musical, preponderante, a nuestro parecer, para entender a cabalidad los guiños de este escritor y develar las dimensiones insertas en este cuento.

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e2ste escrito se centrará en el análisis del cuento “Las Ménades” de Julio Cortázar, considerando como eje la intertextualidad, cuya aproximación según Quintana se refiere a “la propuesta terminológica restrictiva de Genette, la presencia, en un nivel parcial de un texto o fragmento textual en otro posterior, más amplio que lo integra, de un modo más o menos literal y explícito” (1990, p. 170). Por lo tanto, este escrito se configura desde el mito grecolatino; literatura y música; y música y literatura.

Julio Cortázar es un escritor argentino perteneciente al Boom Literario. Un dato biográfico clave para entender el sustento de sus narraciones, es el viaje que realiza a Francia en el año 1951, donde se nutre de la cultura clásica (González de Tobía, Ana, 1998). Publica su libro Final del Juego en el año 1956, y dentro de él está inserto el cuento las “Las ménades”.

Intertextualidad: mito y literatura

tapa final del juegoDesde el título podemos realizar inmediatamente la intertextualidad con el mito de las Ménades de Dioniso, y en mayor profundidad en la construcción de personajes y trama del relato. De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) en línea, el término ménade corresponde a “cada una de las sacerdotisas de Baco que, en la celebración de los misterios, daban muestras de frenesí”, una segunda acepción es “mujer descompuesta y frenética”. Ambas definiciones coinciden en la palabra frenesí, es decir, llegar a un delirio furioso, una violenta exaltación y perturbación del ánimo, esto cobra sentido al relacionarlo con el constructo del relato:

Durante el concierto se acerca al escenario una mujer con un vestido rojo que trata de tomar al director cuando está haciendo una reverencia ante este público ovacionado que cada vez se exalta más […]. El público se vuelve fuera de sí, pierde el raciocinio, y se abalanzan hacia el escenario, obstruyendo las salidas, en consecuencia, ni músicos ni director pudieron salir. El Maestro es atrapado por la mujer de rojo y sus seguidores. Al final, todo vuelve a la calma, y la mujer de rojo sale arreglándose el vestido y saboreando sus labios lenta y golosamente. (Cortázar, 1994).

Siguiendo marcas textuales podemos reconocer que no solo la mujer es una ménade, sino el resto del público quienes, cegados por el frenesí producido por la música, pierden la razón lanzándose al escenario sin importar salir dañados, solo por el ímpetu del momento, correspondiéndose con el título “Las ménades”:

Uno que otro individuo se desplazaba como borracho, secándose las manos o la boca con el pañuelo, alisándose el traje, componiéndose el cuello (…). En el foyer vi algunas mujeres que buscaban espejos, y revolvían en sus carteras. Una de ellas debía haberse lastimado porque tenía sangre en el pañuelo (Cortázar, 1994, p. 326).

ménades 1En la perspectiva de construcción del relato, se infiere que el dios Dioniso se encuentra presente en contraposición del dios Apolo, pues al comienzo se reconoce el ambiente de tranquilidad y equilibrio, pero luego del desenfreno, para volver a un estado inicial, produciendo así en un concierto un desconcierto.

A partir de la advertencia del título se suscita en el lector, en forma inmediata, la asimilación de los personajes al ámbito dionisíaco, el Maestro/ Dionisos, las mujeres/ménades, los hombres/sátiros y el estado de enthusiasmás y éxtasis provocado por la música, efecto auditivo integrado al culto del dios.  (González, 1998, p. 96).

De esta manera vemos que se presenta un público burgués dócil en un comienzo, manejable por el director de la orquesta que establece un dominio absoluto. Se puede correlacionar que el Maestro es al género masculino como el público es al género femenino. Ejemplifiquemos con el siguiente extracto “como si el jadeo de amor que venían sosteniendo el cuerpo masculino de la orquesta con la enorme hembra de la sala entregada, ésta no hubiera querido esperar el goce viril y se abandonara a su placer…” (Cortázar, 1994, p. 323). Es decir, acto de posesión donde se pierde los sentidos, sensatez y el equilibrio, por lo tanto, se presenta un clima dionisíaco.

Scort2egún Huici en este cuento “el éxtasis musical transforma a unas mujeres presuntamente civilizadas en enloquecidas sacerdotisas de Dioniso que, en el paroxismo de la orgía, devoran al director del concierto que están escuchando” (1992, p. 410).

Desde el mito de Dioniso, se desprenden tres ritos: el mistagogo, el sparagmós y la omofagia. El primero se refiere a la iniciación, de acuerdo a la RAE, antiguamente desde los “sacerdotes de la gentilidad grecorromana”, en otras palabras, tiene su fundamento en la cultura grecolatina, por lo tanto, también está ligado a este dios. En base a esto, se realiza una comparación con respecto al Dioniso – Maestro, donde el director es quien ha iniciado al público en la buena música, como veremos a continuación: “(…) yo le tenía cariño al Maestro, que nos trajo buena música a esta ciudad sin arte” (Cortázar, 1994, p. 317).

No obstante, la secuencia ritual continúa, es hora del sparagmós o sacrificio ritual Dionisíaco, que significa literalmente “despedazamiento” donde se transgrede la moral, produciendo un decaimiento en esta. (Bazuá, 1997) tal como ocurre con en el transcurso del concierto con el público y la mujer de rojo que al final sin importar estropear instrumentos, tirar atriles, se lanzan al escenario.  Demostración del caos este este fragmento:

menades3(…) cuando corrí por entre las butacas para acercarme a uno de ellos la confusión parecía mayor, las luces bajaron bruscamente y se redujeron a una lumbre rojiza que apenas permitía ver las caras, mientras los cuerpos se convertían en sombras epilépticas en un amontonamiento de volúmenes informes tratando de rechazarse unos con otros (Cortázar, 1994, p. 325).

Otro extracto que refleja aún con mayor claridad de esta locura y trance es cuando el narrador dice que ve a “la mujer vestida de rojo y seguidores. Los hombres marchaban detrás de ella como antes, y parecían cubrirse mutuamente para que no se viera el destrozo de sus ropas” (Cortázar. 1994, p. 326). Es decir, la locura fue tal que la integridad pasa a último plano.

Por último, durante el rito Dionisíaco, “al son de una música ensordecedora y de un ritmo excitante, incluso se llega al descuartizamiento de animales y al consumo de su carne cruda (omofagia) esta carne era vista como la del propio dios, que se incorporaba así al cuerpo del creyente” (Elvira, p.263-264). Realizamos entonces, dos analogías, la primera con la música del concierto-rito en sí, y la otra con respecto al Maestro, cómo es devorado por la multitud y por la mujer de rojo, que al final del texto “se pasaba la lengua por los labios, lenta y golosamente se pasaba la lengua por los labios que sonreían” (Cortázar, 1994, p. 326). También cobra mayor sentido, el hecho del posible daño que se realiza una mujer, cuando el narrador observa que posee el pañuelo manchado con sangre, cabe la posibilidad que esa sangre sea del Maestro.

En este contexto mítico no solo hace alusión a los seguidores de Dioniso, sino también a hadas y duendes utilizados desde la comparación, las chicas que se acercan al narrador para decirle que el romanticismo de Mendelssohn es divino o que “el sherzo estaba tocado como por manos de hadas” también Cayo Rodríguez al decir “¿vos no viste ese momento en el sherzo de Mendelssohn cuando parece que en vez de una orquesta son como susurros de voces de duendes? (Cortázar, 1994, p. 318-319). Reafirmando el matiz mitológico, que sutilmente se enlaza en los diálogos dentro del cuento.

Música y literatura. Literatura y música     

partiDesde los inicios estas disciplinas son interdependientes. Cuando surge la poesía lírica, recordemos que es acompañada por la música de la lira, es por esto que se denomina así. A través de los años la música y la literatura siguen enlazadas, de este modo encontramos por ejemplo a Rubén Darío (modernista) cultivando la música y sonoridad en sus poemas, como en el caso de la Sinfonía en Gris Mayor; en Gonzalo Rojas (vanguardista) aparece  el título de un libro “Duetto” también alusivo a la música; La muerte y la Doncella el nombre de una obra de Schubert, y es a su vez título de una obra de teatro de Ariel Dorfman. En otras palabras, la música está presente en diferentes géneros literarios, y viceversa como se mostrará más adelante.

Existe una intertextualidad desde el cuento mismo a la música que corresponde al período romántico en cuanto a obras y compositores; y por otra, la música como intertextualidad a otras obras literarias. La primera, hace alusión a obras y compositores que se explicarán a continuación de acuerdo al orden que aparece en el programa entregado por Pérez al narrador. Cabe destacar que no siguen un orden cronológico.

El narrador asiste a un concierto, en el Teatro Corona, lo ubican en la fila número nueve, donde describe que tiene el perfecto equilibrio acústico. El Maestro elige un repertorio que a los ojos del narrador es horrendo, no obstante, tiene una finalidad de efecto psicológico, fundamentado desde un aspecto musical (Cortázar, 1994).

mendelLa primera obra que aparece en el repertorio es “El sueño de una noche de verano” de Félix Mendelssohn (1809-1847). El narrador dice “con Mendelssohn se pondrían cómodos”. Desde el libro Historia de la música, se afirma que “La obertura de Mendelssohn evita los extremos sentimentales y este jamás permite que la inspiración extramusical alguna perturbe su equilibrio” (Donald & Claude, 2001, p. 745 vol.2) manifestando en un estado inicial pleno sin alteración alguna como se aprecia en el comienzo del cuento. Posteriormente, diecisiete años más tarde, Mendelssohn escribió la música incidental adicional incluido el pintoresco Sherzo, (Donald & Claude, 2001) mencionado también en “Las Ménades”.

straEn segundo lugar, Richard Strauss con su poema sinfónico “Don Juan” el que fue presentado por primera vez el año 1889. En esa ocasión fue tanta la ovación que causó en el público que salió cinco veces al escenario para corresponder con los aplausos (Gortázar, 1990, p. 77, vol. 8). Otra intertextualidad, es la relación de la figura del Maestro, puesto que este “entraba y salía, con su destreza elegante y su manera de subir al podio como quien va abrir un remate. Hizo levantarse a la orquesta, y los aplausos y bravos redoblaron”. (Cortázar, 1994, p. 321). En el cuento de Cortázar, esta obra tiene tonaditas silbables, que relajarían y entretendrían al público (Cortázar, 1994):

Durante el intervalo, el Doctor Epifanía, las chicas que andaban con él, Cayo Rodríguez y la señora Guillermina Fontán, mostraban lágrimas en los ojos, de la emoción. Además, esta última, sacudía el brazo de su interlocutor, diciéndole que pronto se interpretará La mer.  Todos expectantes y ya extasiados (Cortázar, 1994).

Debussy2En tercer lugar, Debussy, con su obra La mer, según el narrador, el Maestro quería provocar en el público que se “sintieran artistas, porque no cualquiera entiende su música” (Cortázar, 1994, p.317). Desde los símbolos y expresiones, según Gortázar, el mar es un tema central en la obra de Debussy, “la embriaguez de espacios inmensos y amplísimos horizontes; los colores cambiantes de un elemento que está continuamente sometido a los imprevisibles juegos de la naturaleza” (1990, p.17, vol. 7). Además la técnica y estructura de la música de este compositor “a menudo, se parece a un mosaico: aparentemente se trata de unidades separadas y cerradas entre sí mismas que se combinan para formar unidades más largas, son entidades individuales que aparecen esparcidas en una corriente continua” (Morgan, 1994, p. 66).

El ambiente se torna denso. La mujer de rojo aparece cerca del Maestro, este se sorprende al verla. Nuevamente realiza una reverencia y sale del escenario a tomar un descanso, pese a no ser un intervalo programado. El público se encuentra cada vez más ovacionado (Cortázar, 1994).  Regresa, pues es la hora de dirigir la última obra, La Quinta Sinfonía.

beethovenY, en cuarto lugar, encontramos la figura máxima que es Beethoven, la Quinta Sinfonía, representa “el elemento revolucionario, el espíritu libre, impulsivo, misterioso, demoníaco” (Donald & Claude, 2001, p. 728, vol. 1). En “Las ménades” se esperaba que fuera el gran plato fuerte, con V de victoria – realizando un juego de cinco en números romanos- y que después se fueran rápido a sus hogares que el día siguiente esperaba un largo día de oficina (Cortázar, 1994). Sin embargo, el efecto no fue el esperado, sino que la audiencia comenzó a exaltarse, lanzándose hacia el escenario, tratando de alcanzar al Maestro. Sobre todo la mujer de rojo que hace hasta lo imposible para tocarlo y hasta besarlo, (Cortázar, 1994,) en otras palabras, se torna histérica.

La segunda, dimensión es aquella intertextualidad que se presenta entre la composición musical y la literatura, considerando El sueño de una noche de verano; y Don Juan.  Mendelssohn compone una obertura en 1826 titulada “El sueño de una noche de verano” y posteriormente el sherzo en 1843 inspirado en la obra de Shakespeare que lleva el mismo nombre escrita en 1595. En cuanto a la figura de Don Juan, este personaje aparece como símbolo en la literatura española (Valbuena, 1981) y también a su vez es un una composición del año 1889 de Strauss. Curiosamente la obra de Shakespeare, considera personajes de la mitología: duendes, hadas; otros como Demetrio, Helena, Egeo, Hipólita, Teseo, etc. Aportando otro nivel de análisis.

Teatro-ColónDesde otra mirada, se refiere al Teatro Corona, que podría relacionarse con el teatro Colón de Argentina. En el relato se describe cómo es, dónde es conveniente sentarse, cómo funciona la acústica -aunque el narrador no va tan seguido como los otros participantes, lo conoce muy bien- sabe de las entradas de los músicos, sobre la fila de flautas, es decir, quienes son integrantes de la orquesta, vientos como los cornos y clarinetes; en cuerdas menciona a los violines, y como indumentaria: los atriles y el podio (Cortázar, 1994).

En conclusión, se puede asegurar que Cortázar es una persona culta conocedor de música, arte y literatura, puesto que sabe en aspecto musical terminología y características de los períodos impresionista y romántico, diferentes compositores y estilo de cada uno de ellos. Se demuestra el manejo del mito, construyendo el cuento de forma consistente que resulta coherente y se corresponde con Las ménades de Dioniso. De esta manera, expresar que “Las ménades” de Cortázar tiene múltiples lecturas, por lo tanto, es un texto complejo que requiere que el lector sea entendido en la materia, principalmente en mitología y música, sin tener este conocimiento resulta dificultoso entender el cuento y darle sentido.

mujer de rojoOtro aspecto que podemos apreciar es la música, esta conduce al apasionamiento, alterando los sentidos del público y sirviendo simultáneamente como constructo de la historia, puesto que a medida que se avanza en el repertorio y en el cuento, las personas más se extasían, perdiendo la cordura. Anteriormente dicho, la música está al servicio del culto a Dioniso, eje central en la historia relatada, puesto que la figura del Maestro se corresponde con este, al comienzo dominando, luego ocurre el desenfreno, el caos y el desequilibrio, características de este dios.

No hay que pasar por alto la figura de Beethoven, con respecto a la característica que tiene en sí misma la Quinta Sinfonía, “el elemento revolucionario, el espíritu libre, impulsivo, misterioso, demoníaco” (Donald & Claude, 2001, p. 728, vol. 1) obra elegida por Cortázar para terminar el repertorio que le da un significado total de “Las ménades” logopeke70El Sismógrafo.-


Referencias 
  1. Bauzá, Hugo. (1997) Voces y visiones: poesía y representación en el mundo antiguo. (2 ed.) Buenos Aires: Biblos.
  2. Cortázar, Julio. (1994). Colección cuentos completos. Final del juego. Alfaguara: Madrid.
  3. Elvira, Miguel  Ángel. (2008).  Arte y mito: manual de iconografía clásica. Madrid: Sílex.
  4. González de Tobía, Ana María. (1998). Julio Cortázar y el mito griego. Vinculación y contraste con algunos tratamientos de Borges y Marechal.  (Volumen 5), pp. 85-113. Revista  Synthesis. Recuperado en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.2710/pr.2710.pdf
  5. Gortázar, Isabel. (1990). Historia de los grandes compositores clásicos. (Volumen 7). Editorial Orbis S.A : Barcelona.
  6. Gortázar, Isabel. (1990) Historia de los grandes compositores clásicos. (volumen 8) Editorial Orbis SA
  7. Huici, Norman. (1992). El mito y su crítica en la narrativa de Julio Cortázar. Recuperado en: http://cvc.cervantes.es/literatura/cauce/pdf/cauce14-15/cauce14-15_24.pdf
  8. Jay Grout, Donald & Palisca, Claude. (2001). Historia de la música occidental. (ed. 5). (Volumen 2). Alianza: Madrid.
  9. Quintana, Francisco. (1990). Intertextualidad genética y lectura palimpséstica. Revista castilla: Estudio de literatura, (15), 169-182. Valladolid
  10. Robert P. Morgan. (1994). La música del siglo XX. (Volumen 5).  Akal: Madrid.
  11. Valbuena Prat Angel. (1981). Historia de la literatura española.  Gili: Barcelona.

 

Angely Avilez Mora
Profesora de Educación Media en Castellano y Comunicación

Profesora de Educación Media en Castellano y Comunicación
Licenciada en Educación
Facultad de Educación y Humanidades
Departamento de Artes y Letras Universidad del Bío-Bío.

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