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Eugenio González, el socialista relegado

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La idea del artículo es exponer el contenido político de la narrativa de Eugenio González Rojas, el cual fue escritor y político, considerado como un co-fundador del partido socialista de Chile.

e2diegougenio González Rojas, al igual que Oscar Castro fue un escritor promisorio, pero la suerte fue distinta a la del escritor rancagüino, porque en el caso de González Rojas dejó la poesía y la prosa por la política, pero más aún, por la vida académica. Como dijera Óscar Waiss en variadas ocasiones “Que Eugenio González se haya retirado de la política no me extraña, porque era melancólico y abúlico (…)”[i]

En efecto, González Rojas es más conocido por sus aportes en la política y más aún, en la Academia que en las letras, de las cuales posee una breve colección pero no por ello, menos importante.

dgfsEugenio González Rojas sale a la palestra pública cuando junto a su amigo –de toda la vida- Óscar Schnake les toca afrontar la misión de dirigir la FECh durante los años veinte (1922), la cual Schnake deja a las semanas, por lo que González tuvo que afrontar la misión casi solo. En esos tiempos, donde circulaba la revista “Claridad”, habían diversas posiciones en pugna entre los estudiantes universitarios: los cercanos a la revolución rusa y al comunismo, y los cercanos al anarquismo y a las posiciones libertarias. González perteneció al último sector, aunque la historia nos demostró que con el paso de los años adoptó una posición conciliadora, más cercana a la primera posición, consagrando en el “Programa del 47”, el humanismo marxista.

Debido a su oposición a la dictadura de Ibáñez, es que González fue relegado a la isla de “Mas Afuera” el año 1928 junto a delincuentes comunes, presos políticos, asesinos, violadores y vagabundos.

El libro que analizaremos en este capítulo, se llama Mas Afuera.

En él, González en un estilo ameno y poético narra sus desventuras, y recrea la situación de recluso en la isla, como también las situaciones diarias que les toca vivir a los conscriptos. Dicho libro podemos clasificarlo como un libro de clara connotación social al hablar sobre la precariedad, la prostitución, la promiscuidad, la violencia social, conflictos familiares, matrimoniales, etc.

El tópico en que se enmarca el libro es “pobreza y conflictos sociales”. A pesar de ser una obra breve, ella exhibe temáticas que hasta el día de hoy pueden ser temas tabú como la homosexualidad. Prueba de ello, es cuando llega el “Perpetuo” a la isla.

González nos relata:

“Aquella noche, nadie ignoró en la cuadra que “El Perpetuo” poseía inagotable docilidad para ciertos actos muy estimados por aquellos ex hombres. Garrapata, Cachincoa y otros que lo conocían desde el Puerto, dieron detalles, relataron anécdotas, y terminaron por confesar que ellos mismos habían usufructuado, más de una vez, en momentos propicios de las prisiones, de la complacencia enfermiza que, junto a su figura ridícula, hacía popular al Perpetuo en los barrios sórdidos de Valparaíso”[ii]

El “Perpetuo” era precedido por su fama, no sólo de bandolero, sino, como pudimos apreciar en la anterior cita, de estar abierto a relaciones homosexuales. Pero las descripciones no se quedan sólo ahí, más bien González consagra el capítulo VII a las desventuras de tan simpático personaje:

“-No hay más que ofertarle algo. Dice siempre que sí. Está acostumbrado- aseguraban con cinismo”[iii]

Esta insólita revelación sobre la disposición del Perpetuo, se pone a prueba más adelante:

 “A medianoche sintió que alguien lo sacudía. Despertó. Era su vecino, Cachincoa. (…) Oye, Perpetuo, ¿quieres? –le dijo Cachincoa, con un temblor de avidez en la voz susurrante. Molesto, volvió a tenderse, diciendo en tono de fastidio, soñoliento: -Déjame tranquilo, no seas pesado… Cachincoa insistió, apremiante, sacudiéndolo con brusquedad: –Dime que sí, Perpetuo. Mañana te regalaré una camisa. ¿Quieres? –No quiero nada- contestó de [sic.] mal, humor el idiota. Déjame dormir. Ahora ya no me gusta eso. –Entonces, ándate a la misma… -terminó, contrariado, Cachincoa, volviéndose a su camastro. Como estaba excitado, se entregó a ensueños lúbricos (…)”[iv]

Esta situación de por sí tensa, nos da cuenta de las tendencias sexuales de ciertos reclusos, evidenciadas a través de las proposiciones sexuales. El torpe hombrecillo es víctima de acoso sexual, aunque él lo haya visto como una propuesta insistente y molesta.

El clímax de la historia del despistado, concluye con un paseo que realiza Cachincoa con sus amigos, evidentemente, el Perpetuo no podía faltar, fue invitado a la que se transformará en una orgía. Ya los muchachos en el agua, esperaban a un Perpetuo un tanto esquivo con el agua, debido a la fría temperatura. Definitivamente, el estulto no sabe lo que le deparará:

“Miró a los otros y también los notó perturbados, anhelantes. Una ola oscura, inmunda, los empujaba, los vencía. Raíces de sueños incumplidos, residuos de anhelos sin forma (…) Y, precisamente, en ese minuto caótico, “El Perpetuo” que no se decidía meterse en el agua, riendo como de costumbre, rascándose las axilas, se aproximó a ellos. Entre los tres lo tomaron y lo derrumbaron sobre el suelo rocoso… (…) Repuestos de su paroxismo, vueltos en sí, los cuatro se vistieron de nuevo y marcharon de regreso”[v]

Esta insólita situación es relatada sin caer en el morbo, pero independiente de eso, centrándonos en el acto en sí, la presumible violación no fue tal, ya que al parecer hubo un consentimiento, que se pone de manifiesto al final del párrafo:

“A mitad del camino, las conversaciones y las risas surgieron otra vez como si nada hubiera sucedido. “El Perpetuo” pensando en los regalos que le harían, masticaba con fruición su eterno mendrugo.”[vi]

Pasando a otro tópico dentro de la misma categoría “pobreza y conflictos sociales”, tenemos la historia del “Chinito”.

El Chinito era un joven que había sido relegado por cometer el delito de asesinato. Su historia es bastante trágica, como también, carente de animosidad como el mismo protagonista. Su padre, Yut Sen, un comerciante de la Pampa, sigiloso y tranquilo se une en sagrado vínculo con una provinciana buscavidas llamada Ofelia Contreras, la cual quiere más el dinero que a Yut Sen mismo, en el cual ve una oportunidad de ascender económicamente.

El desprecio que tiene Ofelia por Yut Sen, tanto su forma de ser como de vivir se acrecienta con el nacimiento de su hijo: Juan Bautista. Pero la vida de pampa súbitamente tiene un revés, ya que fallece Yut Sen. Es ahí donde la historia torna un giro dramático, con todo lo que ello conlleva: violencia, pasión, desencanto, depresión, y todos los sentimientos que puedan brotar de los vicios y la mala vida.

Lo anterior se pone en marcha no sólo con la muerte de Yut Sen, sino con el ingreso a escena de Joaquín, un antiguo amante. González relata las vicisitudes del joven Joaquín, el “chinito”, y como su hogar, más que hogar, parece infierno:

“(…) El Chinito, como le decían los otros niños del pueblo, silencioso como su padre, detrás del mostrador o deslizándose por la casa, sin hacer ruido, amarillo y sigiloso. Acabó por odiarlo y lo golpeaba con cualquier pretexto, como si él castigase su pasado.”[vii]

La violencia de la cual era víctima el joven Juan, fue haciéndose costumbre, sin razón aparente, más que el resentimiento materno hacia su vida frustrada. Pero no sólo era violentado “El Chinito”, en su casa todos tocaban por igual:

“Aunque cada día se sentía más amarrada a Joaquín y se humillaba hasta lo indecible para complacerlo, éste la golpeaba en sus frecuentes borracheras y le iba gastando el dinero. “Es mi hombre y me pega porque me quiere” –pensaba, consolándose, después de esas agrias y vinosas escenas de las que salía con los párpados amoratados y las costillas hundidas.”[viii]

Pero en la casa del “Chinito” no todo era violencia, al pequeño le tocó presenciar escenas patéticas:

“Escondido detrás de los hacinamientos de sacos y de barriles, presenciaba las disputas entre Joaquín y su madre. Otras veces, le tocaba ser testigo de rudas escenas de lujuria entre el amante alcohólico que llegaba husmeando el placer y la hembra sumisa que se le entregaba en cualquier sitio, con apasionamiento gemebundo”[ix]

Joaquín, el galán y prohombre de Ofelia era todo lo contrario a Yut Sen: sedentario y vicioso. El dinero recaudado por el difunto fue gastado entre Ofelia y su amante en bebidas alcohólicas y malos hábitos, por lo cual era evidente una crisis económica. Producto de esto, Ofelia se vio en la obligación de vender el almacén, y se trasladaron de sitio, del norte regresaron al sur, y la vida no volvió a ser feliz.

González narra con una prosa delicada un problema social en boga: la migración interprovincial, de quien Ofelia es su representante e imagen. Miles de campesinos se trasladan de los campos o pueblos al norte, en busca de sueños de riqueza a manos de la extracción de minerales y a Santiago la capital, en busca de una mejor vida. Tristemente, esto no fue siempre así lo demuestra este mismo capítulo dentro del libro de González.

Su radicación en el puerto no fue garantía de que mejoraran desde el punto de vista económico, y al parecer, tampoco doméstico.Ofelia cayó a la botella, Joaquín volvió después de ausentarse, pero “El Chinito” ya no era un niño -al menos para ésa época ya no-, poseía 16 años y guardaba dentro de sí, el rencor y la violencia, bajo una careta de apacible estoicismo, o tal vez, cinismo e indiferencia.

La prosa de González, a veces refinada en el relato, a veces vulgar en los detalles, hace gala de la más clara influencia del realismo literario, y deja bastante poco a la imaginación, salvo en las ocasiones donde describir ciertas escenas sería morboso. En ese sentido, el autor juega con astucia, y más allá de verter sus opiniones como autor explícitamente, el libro habla por sí mismo, y los protagonistas del libro cuentan la historia, su historia.

El cénit de la triste historia de “El Chinito” concluye en fatalidad. Joaquín no queda impune de sus actos, por lo que, al volver el agresor en busca de venganza por un desagravio anterior, “El Chinito” responde, ya no como niño, sino como adulto, y así es como lo relata González:

“-Aquí me tienes, perra de m… -vociferó, abalanzándose sobre Ofelia y golpeándola rudamente en la cara. (…) El Chinito permaneció paralizado, atónito, pero se rehízo pronto y se lanzó contra Joaquín, cegado de furia, de una furia vieja que rezumaba a través del olvido y del tiempo. (…) De improviso, Joaquín consiguió coger del cuello al Chinito y comenzó a ahogarlo. (…) sus manos flojas buscaban tras de sí un apoyo. Sobre la mesa, tropezaron con un cuchillo. Con un resto de energía desesperada lo empuñó y lo clavó en el cuerpo (…)”[x]

Esta dramática escena de violencia que concluye con la muerte de Joaquín, desencadena, aún más, la decadencia del “Chinito” y su ingreso oficial a la vida delictual. Cae en la cárcel, y su madre, envejecida por los años, los vicios, los sufrimientos y la patética vida que lleva sobre sí misma, visita devotamente a su hijo, semana a semana, hasta que un día ella decide volver al norte, y promete enviarle dinero a su hijo, intentando volver a su vida pasada en la pampa solitaria. Dicha promesa queda en el recuerdo, ya que dos años después de la última despedida madre-hijo, el “Chinito” se entera del fallecimiento de su progenitora en plena calle, “acurrucada en un escaño”, tal vez cansada de pedir limosnas bajo el frío inclemente del viejo puerto.

Ya fuera de la cárcel, el “Chinito” se volvió parte del hampa, y su reincidencia estaba a la vuelta de la esquina. Es así que sorprendido en plena faena, “fue enviado a Más Afuera con un selecto grupo de vagos y pungas de la capital.”[xi].

Estas dos historias –la del Perpetuo y la del Chinito- son bastante ilustrativas, y pertenecen a un corpus diverso dentro del libro “Mas Afuera” de Eugenio González. Cada una de las historias parece representar los puntos negros de la situación social de Chile a comienzos de siglo XX, y nos muestra a la isla de “Mas Afuera” como un lugar en donde las almas desdichadas y viciosas van a purgar sus culpas, cuan infierno de Dante.


Notas

[i] Ponce, Pedro. Óscar Schnake. Comienzos del socialismo chileno (1933-1942). Documentas. Santiago, 1994. pág. 142.

[ii] González, Eugenio. Mas Afuera. LOM. Santiago. 1997. pág. 49.

[iii] Ídem.

[iv] Ibíd. pág. 50.

[v] Ibíd. pág. 54

[vi] Ídem.

[vii] Ibíd. pág. 56.

[viii] Ídem.

[ix] Ídem.

[x] Ibíd. pág. 59.

[xi] Ibíd. pág. 61.


 

Diego Venegas Caro
Licenciado en Historia

Licenciado en Historia en la Universidad Católica de la Santísima Concepción, sede San Andrés. Candidato a Magíster en Historia, Universidad del Bío-Bío. Ha escrito columnas sobre temáticas históricas en diarios nacionales.

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