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Lienhard y los comienzos de la literatura “latinoamericana”

Hugo Quintana

lineasdetextosEl artículo “Los Comienzos de la Literatura “Latinoamericana”: Monólogos y Diálogos de conquistadores y Conquistados” de Martin Leinhard, fue editado por la Universidad de Campinas, Brasil, en 1993, y permite informarnos acerca de algunas de las conclusiones e interpretaciones que ha desarrollado este notable investigador suizo a lo largo de varios años de incansable labor.

e2s cierto que son muchos los europeos que investigan y nos dan sus opiniones acerca de los temas de interés que emanan de la historia y cultura de nuestra región; pero a la vez, es acertado aclarar que Lienhard es uno de los que ha permitido comprender de mejor manera el complicado y complejo panorama latinoamericano, siempre poniendo énfasis en el otro relato, que es el que permite -en definitiva- completar la lectura en los procesos históricos.

El artículo comienza aclarándonos que el continente descubierto no es –por cierto- ningún vacío sociocultural:

“En todas estas colectividades se atribuye un prestigio indiscutible a ciertas prácticas discursivas socialmente estables y de gran sofisticación, fundamentalmente orales, que podremos llamar “literatura” (en un sentido no etimológico) o “arte verbal” (…) Estas prácticas verbales no se han disociado –no diremos “todavía”: no hay signos de tal evolución- de otras prácticas sociales: trabajo, rito religioso, ejercicio político. Los “textos” verbales producidos, a menudo poco “autónomos”, se suelen insertar en unos “discursos” complejos que combinan los más variados sistemas semióticos: discurso verbal, música, ritmo, expresión facial y corpórea, coreografía, artes plásticas” (Lienhard  1993:43).

Los sistemas de notación o “escritura” elaborados, como por ejemplo el khipu (área andina) o el glifo (mesoamérica), no se refieren en primer lugar a la fonética de las palabras, sino a su contenido semántico, gracias a lo cual, estos elementos, formaban un complemento en la re-producción oral de los discursos, por lo que no constituyen sistemas autónomos de escritura, aunque no exentos de una complejidad única, merced a la complementariedad en las visiones de mundo que manejaban las etnias locales. En este panorama se inserta la irrupción de la palabra escrita traída por el europeo, escritura que permite que cualquier lector en cualquier época o latitud pueda –si eventualmente maneja la lengua en la que esté escrito un texto- leerlo sin mayores complicaciones. Al establecer su dominación político-militar en América, los europeos imponen también el predominio de la escritura, siendo éste el punto de partida que en primera instancia buscamos explicitar.

En el contexto de descubrimiento y conquista, el interlocutor o destinatario de toda la literatura que se produce en la región es la metrópolis, “occidente”, por lo que se encuentran insertos en los textos mecanismos de persuasión coherentes con la intención de los emisores, es decir ganarse los favores de la Corona o de la Iglesia, dependiendo de la labor desempeñada por el autor: soldado, sacerdote o administrativo. Es aquí donde comienza el aporte del investigador Suizo, al categorizar los testimonios en dos vertientes diferentes: una “oficial” y otra “alternativa”.

La primera variante es situada en una tradición metropolitana de acuerdo a las necesidades de organización propias de la época y que parte de pocos “modelos discursivos”, en su mayoría, documentales y utilitarios: diarios de navegación, carta-informe, relato de viaje, relato de conquista y, un poco más tarde, la necesidad de escribir tratados historiográficos. La ficción literaria, en primera instancia no existe (incluso pesa una prohibición para traer libros de ficción hacia estas latitudes), pero “elementos de elaboración ficcional van a penetrar en todos los textos según los “modelos” mencionados, máxime cuando aquellos se conciben a muchos años de distancia de la experiencia vivida” (Lienhard  1993:45). La primera forma que menciona Lienhard, es el canto épico, practicado en casi toda latinoamérica y entre los cuales aparece Ercilla. “Pero ninguno de ellos alcanza la intensidad evocativa de ciertos “informes” (como Los Naufragios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca) o de ciertas cartas indígenas” (Lienhard  1993:2). Ejemplo de los diarios de navegación es el conocido Diario del Primer Viaje de Cristóbal Colón, escrito aparentemente según los cánones de los diarios náuticos, pero que al primer contacto con las islas del Caribe y los autóctonos, desbordará los estrechos límites impuestos por el “modelo” para narrar todo lo que observa y caer –incluso- en imágenes literarias tradicionales: el estado edénico de los indígenas, la inocencia feliz, la visión paradisiaca, etcétera. En un principio, este texto está influenciado por el Milione (1298) de Marco Polo, y Colón se deja llevar por su equívoco asimilando sus observaciones con las de su “precursor”; además, está el hecho de que el diario fue reelaborado por el Padre Bartolomé de la Casas, por lo que no sabemos a quién pertenecen todas las imágenes de índole religioso que aparecen, por mencionar algo.

Otro ejemplo lo constituye Naufragio (1542), texto sorprendente que se transforma de un relato de conquista en una novela autobiográfica avant la lettre, que cuenta la fallida expedición de Pánfilo de Narváez y a la cual sobreviven sólo 4 personas (el quinto no se menciona casi, por que -al parecer- era un negro). Con este libro su autor inaugura, en español, la presencia del héroe trágico y subjetivo, a la manera de un relato moderno. Y aunque la novela, como género, no aparezca sino hasta mucho más tarde, sí se registra lo novelesco en muchas crónicas de viaje, supuestamente “documentales”, o también episodios indiscutiblemente novelescos que irrumpen en textos de corte hisoriográfico. Con todo, el autor prefiere ver en éstos y otros textos análogos, uno de los comienzos significativos de la “literatura latinoamericana”, pues sus autores, protagonistas o el mundo textual de esta literatura, poco arraigado todavía al suelo americano, se quedan en un lugar indeterminado en donde no son producciones ni europeas ni tampoco amerindias.

El segundo grupo que distingue el investigador es el que dice relación con una producción más “alternativa”, en otras palabras, es el diálogo con el “otro” y con su universo discursivo el que suscita otras manifestaciones, quizás algo más contundentes, como parte de una literatura nueva. Aclaremos que no es este el caso donde se opera desde la reducción de la voz del “otro”, el más común en todos los ejemplos, donde se retoma el discurso del otro, pero con el motivo de la manipulación, generalmente, con fines ajenos a la intención original. Afortunadamente, existieron otros testimonios que ahora nos permiten cuestionar todas las interpretaciones y teorizaciones en torno al tema; uno de ellos es el de Ramón Pané, miembro de la Orden de San Jerónimo, a quién el mismísimo Colón solicita “la redacción de un tratado sobre las “idolatrías y creencias” de los indios Taínos de la isla Española” (Lienhard  1993:51):

“El gesto histórico del pobre ermitaño, por imperfecta que sea su realización, inauguró no sólo, como a menudo se afirma, la etnografía americana, sino una nueva práctica literaria que podemos llamar, por un conjunto de razones, “alternativa”. Ella ofrece, en efecto, un discurso “nuevo” sobre América (tendencialmente el de las mayorías), una escritura nueva (transcripción o recreación de un discurso oral) y un público nuevo (el lector bicultural de un continente multicultural)”. (Lienhard  1993:4).

El principio de todas estas empresas, tuvo como raíz, las necesidades muy concretas que imponían al español la organización de la colonia, por lo que en el proceso buscó establecer una base de influencia sólida y ésa fue elaborada en base a la educación occidentalizante de todas las élites de las etnias locales, creando una especie de correa de transmisión entre las autoridades coloniales y la muchedumbre indígena. Si bien esta estrategia entregó los resultados esperados, es decir, afianzar el dominio español (por ejemplo en el caso mesoamericano o andino) en los territorios ya ocupados, hubo un resultado que tuvo relación con la generación de algún tipo de pensamiento, a modo de análisis, en torno al mundo occidental. Por ejemplo, las obras de una serie de intelectuales “indomestizos” de la región central de México: Hernando Alvarado Tezózomoc, México-Tenochtitlán; Diego Muñoz Camargo, Tlaxcala; Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, Texcoco; Francisco de San Antón Muñón Chimalpahín, Amaquemecan. Estos autores, en su mayoría perfectamente asimilados a la cultura occidental, comienzan a producir escritos donde comienzan limitándose a registrar la historia de un señorío o una región (Tlaxcala, Texcoco), para luego ir revelando una actitud un poco más “comprometida” que rescata, además de los discursos orales, las pinturas, los cantos y las historias de los “naturales”.

En el caso andino podemos mencionar a dos nombres importantísimos: Titu Cusi Yupanqui y Guamán Poma de Ayala. El primero, qapaq inka del Estado neoinca de Vilcabamba, concibió una “relación” con la intención de transmitirla, a través del gobernador Lope García de Castro, al rey español Felipe II, este es el único texto que considera la conquista europea en América como un hecho no irreversible, y cuya concepción contó con la ayuda del fraile Agustino Marcos García y el secretario personal de Titu Cusi, Martín Pando. Y, aunque este texto tiene algunas zonas donde es indiscutible la intervención occidental a través de la escritura del fraile Agustino, es mucho más evidente que el texto responde claramente a un testimonio de inspiración incaica en cuanto a la narración de los hechos.

Guamán Poma no recurre a otro para que escriba su texto, sino que es él mismo quien construye la Primer nueva corónica y buen gobierno (1615), que combina, en efecto, el género epistolar (las más de mil páginas que, en rigor, forman una “carta” dirigida a un grupo de destinatarios encabezado por el rey español), el tratado historiográfico (escribe la historia del mundo) y el trabajo de recopilación (montaje de centenares de citas). Con todo, el aporte lo realiza alguien que asume una voz “marginal” para cuestionar el desorden colonial existente, alguien que no es un “yo” escindido (europeo o indio) ni establece una crítica desde un pasado glorioso que fue interrumpido; Guamán Poma escribe acerca del presente y del futuro, el narrador no es un historiador “objetivo”, sino un nuevo yo americano:

“En este sentido, Guamán Poma es el antepasado más radical de los escritores contemporáneos más “radicales” que se esfuerzan –o se han esforzado- por crear una escritura que sea equivalente al caos (mundo en gestación) cultural y social del subcontinente”(Lienhard  1993:4).

En este ámbito, lo que nos evidencia Lienhard es una realidad que debemos re-leer y re-pensar, es una provocación hacia nuestra poca capacidad para asumir lo diverso en una región multiétnica, donde su trabajo debe tomarse como un aporte al proyecto mayor que engloba la región latinoamericana, proyecto al cual ya se han suscrito eminentes intelectuales, pero que carece de una difusión menos academicista, y más, de una atención que hiciese necesaria una discusión comprometida de todos cuantos habitamos en este lugar. logopeke20 El Sismógrafo.-


Referencias

Lienhard, Martin; “Los Comienzos de la Literatura “Latinoamericana”: Monólogos y Diálogos de conquistadores y Conquistados”, en América Latina. Palabra, Literatura e Cultura; Vol. I, A Sitaçao Colonial, pág. 43; Editora da Universidade Estadual de Campinas, Unicamp. 1993.

 

 


 

Hugo Quintana

Escritor/Poeta chileno. Editor Jefe publicaciones "La Ortiga". Profesor de Lengua Castellana y Comunicación, Magíster en Ciencias de la Educación. Entre sus libros cuenta “Hombres peaton-izando” (1995), “Algo acerca de los Años” (2003), “Tornasol” (2009), y se prepara a publicar pronto “Los Dones Cotidianos”. Además de otras apariciones en antologías como: “Antología de Poesía Emergente” (Ediciones LAR, Concepción, 1998), “Chile mira a sus poetas” (Antología de estudios y creaciones, Pontificia Universidad Católica de Chile – Editorial Pfeiffer, Santiago, 2011), o “Winnipeg” (antología de poesía chileno-española, Editorial Santiago Inédito, Santiago, 2011).

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