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ESCRITOR Y SOCIEDAD

Jaime Valdivieso

lineasdetextos“No existen espacios clausurados para el narrador: puede entrar haciendo sonar los tacos en la asamblea política o sindical, penetrar en los salones y en las chozas, o bien quedarse ensimismado debajo de una escala observando una esfera que es todo el universo y todos los espacios y tiempos simultáneamente: esto también forma parte de nuestro universo cotidiano y real”

hasta hace poco se calificaban de novelas “decadentes”, a todas aquellas que escribían con sonrisa cínica e impasible los ambientes sofisticados y opulentos, los vicios, los laberintos de la pura imaginería; en general, toda obra que no se refiriese a una realidad reconocida y aprobada con el visto bueno del defensor de la miseria, de las luchas político sociales, de la justicia económica. Hoy sabemos que ese concepto se basaba en una falsa misión de la narrativa: reflejar la realidad más externa y cotidiana y no haber concedido suficiente atención a los múltiples planos que la obra despliega. De este modo las obras catalogadas como decadentes eran igualmente para el consumo de un grupo también decadente, amante de la literatura como lujo y puro goce estético.

Proust, Joyce, Gide, Borges, Bioy Casares, María Luisa Bombal llegaron a pertenecer a este club de una literatura de culto, de minorías, alejados del naturalismo imperante, y cultores de una literatura selecta, de elite. Este no fue sino un espejismo del llamado “realismo socialista” y del “realismo crítico” que no lograron ver en la obra que acentuaba la imaginación revelaciones que la novela realista “a secas” era incapaz de develar. Hay críticos que todavía prefieren al Borges de sus poemas de los suburbios, de sus cuentos gauchescos, como si relatos como El Aleph, La escritura del Dios o Las ruinas circulares no expresaran búsquedas metafísicas por descifrar una realidad que siendo imaginaria y producto de la pura fantasía no es menos real que la piedra con que tropieza un arriero. La realidad es tanto interna como externa y si solo consideráramos la segunda viviríamos en un mundo puramente animal y no existirían la ciencia ni la filosofía. No existen espacios clausurados para el narrador: puede entrar haciendo sonar los tacos en la asamblea política o sindical, penetrar en los salones y en las chozas, o bien quedarse ensimismado debajo de una escala observando una esfera que es todo el universo y todos los espacios y tiempos simultáneamente: esto también forma parte de nuestro universo cotidiano y real.  logopeke20 El Sismógrafo.-


Jaime Valdivieso

Escritor. Nació en Valparaíso en 1929. Ha publicado ensayos, cuentos, novelas, poemas. Alguno de sus libros son, Ciencia y poesía, diálogo con Claudio Teitelboim , El espejo y la palabra, Violencia de los animales, Voces de alarma, Ocaso de las buganvillas.

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